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Retos del Derecho; la toma de decisiones de las máquinas inteligentes.

Si dirigimos una mirada hacia el futuro, nos es fácil entrever un mañana marcado por avances tecnológicos de las más variadas índoles que, si bien hace unos años parecían ser pura ciencia-ficción, hoy son una posibilidad real que está al alcance de nuestra mano. De entre estas muy llamativas innovaciones, quisiera destacar en este artículo a las llamadas máquinas inteligentes. Estas máquinas inteligentes serían aquellas que, no solo son capaces de repetir de forma continuada y automatizada un proceso determinado para facilitar la labor humana, sino que pueden adaptarse a su entorno y tomar decisiones con el fin de actuar de la mejor forma posible en un contexto determinado, adaptándose así con perfección a las circunstancias y asumiendo actividades que antes se consideraban exclusivas del ser humano.

Sin embargo, simplificar que es la máquina la que toma estas decisiones, como si tuviese autonomía para poder actuar motu proprio, es algo erróneo a la par que irresponsable. Estos inventos de los que hablamos, si bien son harto avanzados, aún distan mucho de ser una inteligencia artificial consciente, capaz de decidir por sí misma. Por lo tanto, el producto de su toma de decisiones será obra directa del ingenio humano responsable de la creación de la máquina. De esta forma, el coche autónomo que, en una situación extrema, opta por atropellar a una persona en lugar de atropellar a cinco, lo estaría haciendo en base a unas instrucciones que su creador le dio.

Ha nacido así una nueva actividad que deberá ser contemplada por el legislador. La cantidad de conflictos jurídicos que de este tema dimanan es innumerable, y todos y cada uno de ellos merecen un profundo análisis por parte de la comunidad jurídica con el fin de adaptar la sociedad al uso de estas nuevas tecnologías.

Los primeros pasos que nos acercan a esa meta ya han sido dados. Scalable Corporation, un grupo de investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts, creó una app en la cual se hacía al usuario elegir cuál sería el mal menor a causar con el objetivo de analizar la moralidad humana en relación con el funcionamiento de los coches autónomos. El pasado 24 de octubre los resultados de este experimento fueron publicados. En el artículo se presentan los datos obtenidos de 39,61 millones de resoluciones de situaciones extremas tomadas por personas de 233 países distintos, que muestran los elementos que personas de todo el mundo tienen en cuenta para decidir cómo debería actuar un coche automático cuando se encuentra en disyuntivas que implican la pérdida de vidas humanas.

De esta manera, si bien el objeto de la mencionada investigación es más moral que jurídico, nos encontramos ante una muy valiosa información que espero inspire la acuciante labor de los juristas, responsables de contribuir en la construcción de este nuevo y próspero futuro, preparando un marco legal eficiente en el que estas máquinas inteligentes puedan ser creadas y utilizadas de forma óptima y segura.

Fernando Aragón Pozo

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