(+34) 954 29 30 31

¿Es una dirección de correo electrónico un dato personal?

Tal y como expresa el Informe 0261/2012 de la AEPD[1], se pueden distinguir “dos supuestos esenciales de dirección de correo electrónico, atendiendo al grado de identificación que la misma realiza con el titular de la cuenta de correo:

  • El primero de ellos se refiere a aquellos supuestos en que voluntaria o involuntariamente la dirección de correo electrónico contenga información acerca de su titular, pudiendo esta información referirse tanto a su nombre y apellidos como a la empresa en que trabaja o su país de residencia (aparezcan o no estos en la denominación del dominio utilizado (…).
  •  Un segundo supuesto sería aquel en que, en principio, la dirección de correo electrónico no parece mostrar datos relacionados con la persona titular de la cuenta (por referirse, por ejemplo, el código de la cuenta de correo a una denominación abstracta o a una simple combinación alfanumérica sin significado alguno)”.

Para la AEPD, respecto del primer supuesto “no existe duda de que la dirección de correo electrónico identifica, incluso de forma directa al titular de la cuenta, por lo que en todo caso dicha dirección ha de ser considerada como dato de carácter personal”, y respecto del segundo, aparecerá necesariamente referenciada a un dominio concreto, de tal forma que podrá procederse a la identificación del titular mediante la consulta del servidor en que se gestione dicho dominio, sin que ello pueda considerarse que lleve aparejado un esfuerzo desproporcionado por parte de quien procede a la identificación. Por ello, considera que también en este caso, y en aras de asegurar, en los términos establecidos por la Jurisprudencia de nuestro Tribunal Constitucional, la máxima garantía de los Derechos Fundamentales de las personas, entre los que se encuentra el derecho a la “privacidad”, consagrado por el artículo 18.4 de la Constitución, será necesario que la dirección de correo electrónico se encuentre amparada por el régimen establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de datos de Carácter Personal.

En este supuesto, a nuestro juicio, no existe duda de que la dirección de correo electrónico identifica, incluso de forma directa al titular de la cuenta, por lo que en todo caso dicha dirección ha de ser considerada como dato de carácter personal. Ejemplos característicos de este supuesto serían aquellos en los que se hace constar como dirección de correo electrónico el nombre y, en su caso, los apellidos del titular (o sus iniciales), correspondiéndose el dominio de primer nivel con el propio del estado en que se lleva a cabo la actividad y el dominio de segundo nivel con la empresa en que se prestan los servicios (pudiendo incluso delimitarse el centro de trabajo en que se realiza la prestación).

En este caso, un primer examen de este dato podría hacernos concluir que no nos encontramos ante un dato de carácter personal. Sin embargo, incluso en este supuesto, la dirección de correo electrónico aparecerá necesariamente referenciada a un dominio concreto, de tal forma que podrá procederse a la identificación del titular mediante la consulta del servidor en que se gestione dicho dominio, sin que ello pueda considerarse que lleve aparejado un esfuerzo desproporcionado por parte de quien procede a la identificación. Por todo ello se considera que también en este caso, y en aras de asegurar, en los términos establecidos por la Jurisprudencia de nuestro Tribunal Constitucional, la máxima garantía de los Derechos Fundamentales de las personas, entre los que se encuentra el derecho a la “privacidad”, consagrado por el artículo 18.4 de la Constitución, será necesario que la dirección de correo electrónico se encuentre amparada por el régimen establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de datos de Carácter Personal.

Según lo afirma tajantemente la Sentencia de la Audiencia Nacional de 23 de marzo de 2006[2], “una dirección de correo electrónico de la que es titular una persona física constituye una información que le concierne, que le afecta, y que forma parte del ámbito de intimidad protegido por la Ley de Protección de Datos, siéndole plenamente aplicable su régimen jurídico”.

En el mismo sentido, la Sentencia de la Audiencia Nacional de 25 de mayo de 2006[3] “considera que la dirección del correo electrónico del que es titular una persona física, como ocurre en el caso de autos y no ha sido negado por la recurrente, constituye un dato personal, porque, con independencia de que la denominación de la dirección corresponda o no con el nombre y apellido de su titular, país o empresa en la que trabaja, lo cierto es que se puede, mediante una operación nada difícil, identificar perfectamente a una persona física, ya que esa dirección del correo electrónico aparecerá vinculada a un dominio concreto, por lo que sólo será necesario consultar al servidor en que se gestione dicho servicio”.

Igualmente, la Sentencia de la Audiencia Nacional de 15 de enero de 2011[4] afirma que “la dirección de correo electrónico de una persona física, en la medida que permite identificar a su titular sin plazos ni actividades desproporcionadas, constituye un dato personal”.

Así, una dirección de correo electrónico de la que es titular una persona física será siempre un dato personal, se componga esta dirección con las voces que conforman el nombre y apellidos de su titular, o no, como puede suceder en el caso de una dirección de una persona física que presta sus servicios en una persona jurídica, y tiene asignada una dirección con su nombre o iniciales; y no será un dato personal cuando el titular sea una persona jurídica y no esté asignada a una persona física concreta.

[1] https://www.aepd.es/informes/historicos/2012-0261.pdf

[2] SAN 759/2006

[3] SAN 2284/2006.

[4] SAN 64/2011:

Pedro Rodríguez López de Lemus

Sin comentarios

Lo sentimos, no se permiten comentarios en este momento